Y ahí yo morí. Tenía que verla, a toda costa. El duendecito caminaba rápido, y como que flotaba. Pero sobretodo iba rápido. Yo iba atrasada, así que igual la iba picando, pero esta mina la cagó. La seguí de cerca y quería que puro se diera vuelta, pero no sabía qué hacer para que ella dejara de casicorrer y se detuviera a mirar para atrás.
Hasta que cruzó la calle y yo le saqué un poco de ventaja, o al menos empezamos a caminar paralelamente. La miraba todo lo que podía, pero era increíblemente esquiva. Cuando yo ya estaba a un par de pasos de entrar a la u ella se encontró con alguien que conocía, él se quedó mirando en mi dirección, ella a la pared. Me dio rabia, porque con ese hueón discutí caleta en la toma de la u y no quería que fuera amigo de la duende.
Me enojé con ella, ya no quise verle la cara.
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